La Serra de Tramuntana atraviesa un momento delicado tras temporales como la tormenta Juliette, que dejaron miles de árboles caídos y un evidente riesgo de incendio. Luis Vallcaneras Nebot, gerente del Consorci Serra de Tramuntana Patrimonio Mundial, detalla en esta entrevista por qué es necesario actuar ahora, cómo se han definido las zonas prioritarias y qué objetivos persigue el proyecto de saneamiento forestal dotado con 1,8 millones de euros.
¿Por qué actuar ahora con este proyecto de saneamiento forestal?
La necesidad surge tras el paso de temporales recientes, como la tormenta Juliette y otros episodios de mal tiempo, que dejaron muchísimos árboles tumbados en la Serra. El bosque acumulaba gran cantidad de masa forestal muerta, lo que representa un riesgo evidente de incendio. La magnitud de la situación se podía considerar casi una catástrofe. Desde el Consorci decidimos que había que actuar, aportar nuestro grano de arena y contribuir a retirar esa masa muerta de los bosques para reducir el peligro. La idea es empezar a limpiar lo que se pueda, actuar en las zonas más problemáticas y ganar tiempo frente a un riesgo que no hace más que aumentar.
¿Con qué criterios se han escogido las zonas de actuación?
Se firmó un contrato con la empresa encargada de ejecutar la limpieza, pero lo primero fue hablar con los ayuntamientos de la Serra. Les pedimos que nos indicaran en qué zonas consideraban prioritario actuar. Cada municipio nos envió planos señalando hectáreas concretas que podían suponer un riesgo: zonas próximas a poblaciones, áreas con alto peligro de incendio o enclaves especialmente sensibles. Con esos datos, trasladamos las órdenes a la empresa para que empiece la limpieza allí. El presupuesto es limitado y, por tanto, se aplicará un criterio de orden de llegada: se actúa en los lugares solicitados primero. No obstante, no se trata solo de rapidez: también hay que valorar la peligrosidad. Puede que un ayuntamiento no fuera el primero en pedirlo, pero si la zona presenta un riesgo grave, se dará prioridad.
¿Qué ayuntamientos han solicitado participar?
De momento hemos recibido diez solicitudes de municipios de la Serra. Entre ellos están Sóller, Calvià y Andratx. Son ayuntamientos que han detectado zonas prioritarias y nos lo han comunicado. El criterio principal es el orden de petición, pero como he dicho, también tendremos en cuenta la urgencia y el nivel de peligro de cada área.
¿Cómo influye el aumento de superficie forestal en el riesgo de incendio?
En los últimos 20 o 30 años, con el abandono progresivo de los cultivos, el pinar ha invadido grandes superficies de la Serra. Esto ha supuesto un peligro enorme. La gente suele entender el cuidado del bosque como plantar árboles, pero no siempre comprende que también es necesario cortarlos. Aclarar pinares y reducir densidades es una medida de prevención básica. Si dejamos que el bosque avance sin gestión, se convierte en un polvorín. La acumulación de ramas y árboles hace prácticamente imposible frenar un incendio cuando se desata. En 2013 ya lo vimos: un fuego se propagó durante días porque el pinar, muy inflamable, no estaba gestionado. Solo se apagó cuando llegó a zonas de monte bajo. Por eso insistimos en que recuperar terrenos agrícolas también es crear cortafuegos naturales.
¿Qué impacto tienen los árboles caídos sobre la biodiversidad y la seguridad?
Los árboles tumbados generan un problema añadido: son focos de plagas y enfermedades. Tras la tormenta Juliette, por ejemplo, cayeron muchas encinas. Al analizar los troncos vimos que estaban huecos, atacados por insectos perforadores. Eso significa que cuando el árbol cae, la plaga se extiende fácilmente a ejemplares sanos. Por tanto, no basta con retirar árboles caídos: también hay que cortar y sanear los que están afectados para salvar los que aún permanecen en buen estado. Si no se hace, el problema se multiplica exponencialmente.
El proyecto prevé aprovechar la biomasa. ¿Cómo se usará?
Al principio pensamos en darle un uso más elaborado a la madera, como fabricar muebles o cajas. Pero después de tanto tiempo en el suelo, esa opción quedó descartada: la madera ya no es aprovechable. La alternativa es convertirla en astillas. El destino aún no está cerrado, pero la idea es que puedan usarse como combustible en edificios públicos, como colegios o ayuntamientos. Si no fuera posible aprovecharlas de esa manera, entonces se dejarían sobre el terreno, cumpliendo otra función igual de valiosa: cubrir el suelo para evitar la erosión y crear un sustrato que permita el crecimiento de un nuevo bosque.
¿Qué papel juega la erosión en este proyecto?
El cambio climático hace que las tormentas sean cada vez más violentas. Cuando el suelo queda desnudo, sin cubierta vegetal, la lluvia arrastra la tierra fértil. Eso significa que el terreno pierde la capacidad de regenerar un bosque sano. Por eso es tan importante usar las astillas como cobertura: si no se pueden aprovechar como biomasa, al menos protegen el suelo, evitan que se pierda y permiten que la regeneración forestal sea posible.
¿Cómo os ha ayudado la financiación del ITS en este proyecto?
La financiación del Impuesto de Turismo Sostenible nos ha permitido impulsar un proyecto de saneamiento forestal en la Serra. La inversión es fundamental porque no solo reduce el riesgo de incendios, sino que también ayuda a recuperar patrimonio agrícola y cultural. Gran parte del paisaje de la Serra lo creó la agricultura tradicional, con bancales, fuentes y muros de piedra. Recuperar antiguos campos de cultivo significa también crear cortafuegos naturales. En muchos casos, cortar pinos y recuperar zonas agrícolas puede ser más seguro que mantener un bosque muy denso y sin gestionar. Para nosotros, esta inversión es una forma de mejorar la seguridad, preservar el paisaje y mantener viva la memoria histórica del territorio.
¿Qué mensaje transmitiría a quienes aman la Serra de Tramuntana?
La Serra es pequeña, apenas cuenta con 90 kilómetros, y está muy humanizada: los muros de piedra llegan hasta las cimas. Además, cada vez más gente la visita. Tras la pandemia, la afluencia se disparó y se convirtió en un caos en algunos lugares. Hay que ser conscientes de que querer la Serra no significa poder acceder siempre y en cualquier circunstancia a ella. A veces habrá que aceptar restricciones, ya sea para proteger un río, evitar incendios o regenerar un área. No es una limitación de libertad: es un acto de cuidado. Si no lo entendemos y no gestionamos los usos y los accesos, un gran incendio podría arrasar la Serra de punta a punta. Hemos tenido suerte en los últimos años, pero no siempre será así. El mensaje es claro: si queremos la Serra, debemos cuidarla, entender que a veces hay que cortar árboles y asumir que hay zonas donde conviene no ir en determinados momentos. Solo así podremos conservarla para el futuro.
No se han encontrado proyectos relacionados.
Noticias y artículos sobre Turismo Sostenible