El encordado tradicional de sillas, un oficio antiguo que casi ha desaparecido
El encordado tradicional de sillas, un oficio antiguo que casi ha desaparecido

Patrimonio histórico

Una técnica manual con siglos de historia que sigue viva gracias a unos pocos artesanos

El encordado de sillas es uno de los oficios más antiguos del Mediterráneo, heredero de técnicas que ya practicaban egipcios, griegos y romanos. Tejidos con cuerda, pita o bova, los asientos se construían a mano para lograr resistencia, comodidad y una estética propia. Hoy, esta tradición se mantiene gracias a artesanos que siguen trabajando como se hacía hace generaciones.

El arte de encordar sillas forma parte de una larga historia que se remonta a la antigüedad. En Egipto y Grecia ya se empleaban cuerdas tejidas para crear superficies resistentes, funcionales y decorativas, y con el tiempo esta técnica evolucionó hasta convertirse en un elemento habitual del mobiliario europeo. Durante siglos, el encordado cumplió un papel esencial en casas humildes y talleres artesanales, donde cada silla era una pieza única nacida del entrelazado manual de fibras naturales. La llegada de la producción industrial y de materiales más baratos ha provocado que este oficio sea hoy casi residual, pero su valor cultural y estético permanece intacto: un asiento encordado a mano puede durar décadas, conserva una belleza orgánica difícil de imitar y conecta directamente con el saber hacer de generaciones enteras. Mantener viva esta tradición es, de algún modo, preservar una parte fundamental de la memoria material del Mediterráneo.

En el vídeo conocemos a Miquel Llull, cordador y responsable de mantener viva una técnica que aprendió a través de su abuela y de otros artesanos. Con casi veinte años dedicados al encordado, trabaja con materiales como la pita, el cañamón, la cuerda de algodón o la bova —una técnica más laboriosa que crea la cuerda a medida mientras se trabaja—, adaptándose a cada encargo con precisión y creatividad. Llull combina restauración, fabricación nueva y patrones personalizados, imitando técnicas antiguas y diseñando modelos propios. También transmite su oficio a través de cursos, ferias y demostraciones, consciente de que cada vez quedan menos artesanos capaces de cordar una silla de manera tradicional. Su labor revela la importancia de valorar el trabajo manual, el tiempo invertido y la historia que guarda cada pieza, reivindicando un oficio que, si no se cuida, está en riesgo real de desaparecer.



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