En plena Serra de Tramuntana, la finca pública de Binifaldó lleva cuarenta años convirtiéndose en aula viva para generaciones de estudiantes. Un espacio donde los niños descubren cómo se cuida un encinar, qué es una sitja o por qué el paisaje ha cambiado con el paso del tiempo. El Camp d’Aprenentatge, pionero en las Islas Baleares, celebra aniversario consolidado como un referente en educación ambiental y en conexión entre escuela y territorio.
A veces, para entender un lugar, hace falta recorrerlo. Eso es precisamente lo que hacen cada año más de 1.400 alumnos cuando llegan a Binifaldó, en el corazón del valle de Lluc. Allí, entre encinares, fuentes naturales y antiguas estructuras de carboneo, se encuentra el Camp d’Aprenentatge que este año conmemora cuatro décadas enseñando cómo se gestiona y se protege la Serra de Tramuntana. Lo hace desde una idea que no ha perdido vigencia: que la mejor manera de aprender sobre la naturaleza es, sencillamente, vivirla.
Binifaldó ocupa 377 hectáreas de finca pública y forma parte de un paisaje cultural declarado Patrimonio Mundial. Su historia está ligada a la gestión forestal tradicional: hornos de cal, barracas de carbonero, terrazas de cultivo y caminos de piedra que permiten explicar, a través de la experiencia directa, cómo el ser humano ha modelado la montaña durante siglos. Esta combinación de patrimonio natural y etnológico convierte el lugar en un verdadero laboratorio educativo al aire libre.
Las ‘cases del camp’, con capacidad para 30 personas y equipadas para estancias de uno o varios días, permiten que grupos escolares duerman rodeados de bosque. Desde allí parten itinerarios como la volta a sa Moleta de Binifaldó, el camino hacia es Pixarells o las rutas que conectan con Lluc, el Puig Tomir o Menut. Son recorridos pensados para diferentes edades y niveles, donde se trabajan contenidos que van desde la fauna y la flora hasta la formación del paisaje, el ciclo del agua o la historia de la Serra.
“¿Cómo es una sitja? ¿Qué hace un carbonero? ¿Cómo se cuida un encinar?”. Estas preguntas, habituales en el camp d’aprenentatge, resumen bien la esencia del proyecto: transformar la curiosidad de los niños en conocimiento práctico. Los talleres permiten observar insectos, identificar plantas con claves dicotómicas, estudiar la erosión, descubrir cómo nacen los torrents o entender qué es el carst. Todo con una premisa clara: solo podemos proteger aquello que conocemos y valoramos.
El aniversario coincide con la renovación del convenio entre las conselleries d’Agricultura y Educació, un gesto que refuerza el compromiso institucional con la educación ambiental. Binifaldó fue el primer camp d’aprenentatge de la red autonómica —hoy formada por ocho centros en Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera— y se ha convertido en un modelo replicado en otros territorios. Su continuidad ha permitido que miles de alumnos entiendan que la Serra es un ecosistema frágil que requiere gestión, equilibrio y participación social.
La oferta educativa es amplia y se adapta tanto a visitas de un día como a estancias con pernocta. Los centros que participan pueden realizar actividades curriculares vinculadas a ciencias naturales, historia, geografía o educación física, siempre guiados por docentes especializados en trabajo de campo. Los contenidos se actualizan cada cuatro años y se acompañan de recursos didácticos que van desde cuadernos de flora hasta material audiovisual sobre oficios tradicionales.
Además, el camp impulsa proyectos d’Aprenentatge i Servei (ApS) que permiten que los propios alumnos contribuyan a mejorar el entorno. En los últimos cursos han recogido y sembrado cientos de bellotas de encina, han reparado señalización dañada por la tormenta Juliette, han limpiado áreas recreativas y han trabajado en la conservación de itinerarios. Acciones sencillas pero con un fuerte componente educativo: comprender que cada gesto suma en la preservación de la Serra.
La localización de Binifaldó también facilita explicar la riqueza del municipio de Escorca, un territorio con historia milenaria, desde el Llibre del Repartiment hasta las leyendas de la Mare de Déu de Lluc. Todo ello ayuda a contextualizar el paisaje que rodea a los estudiantes y a mostrar que la montaña no solo es un espacio natural, sino también un espacio cultural.
Cumplir cuarenta años no es solo una efeméride. Es la prueba de que la educación ambiental sigue siendo una herramienta imprescindible para comprender el territorio y para formar a los ciudadanos que tendrán que cuidarlo en el futuro. Binifaldó, con su mezcla de bosque, cultura y pedagogía, es un recordatorio de que aprender fuera del aula puede marcar para siempre la manera en que miramos el mundo. Y la Serra de Tramuntana, con su belleza y su fragilidad, sigue siendo el mejor de los maestros.
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