Así funciona la red que limpia el agua de Balears Así funciona la red que limpia el agua de Balears

Medio Ambiente

Bajo el suelo de Balears, ABAQUA mantiene en marcha un sistema que depura y protege acuíferos, torrentes y el mar

En Balears, el agua no se desperdicia: se transforma. Lo que sale por los desagües de casas, hoteles o restaurantes inicia un viaje complejo que acaba, tras varias etapas de limpieza, convertido en agua segura para el medio ambiente. Ese recorrido lo gestiona ABAQUA, la agencia pública que coordina la red de saneamiento y depuración en alta de todo el archipiélago. Su trabajo diario garantiza que el mar siga azul, los acuíferos sigan vivos y las islas sigan respirando sostenibilidad.

Pocas infraestructuras son tan invisibles y, al mismo tiempo, tan esenciales como las que depuran el agua. En un territorio insular, con acuíferos limitados y presión turística creciente, gestionar correctamente las aguas residuales es mucho más que un requisito ambiental: es una necesidad vital. ABAQUA, la Agencia Balear del Agua, es la encargada de que ese sistema funcione cada día. Desde las estaciones de bombeo hasta las grandes depuradoras, su red convierte lo que desechamos en un recurso limpio, protegiendo el mar, el suelo y la salud de todos.

Todo empieza bajo nuestros pies. La red de alcantarillado recoge el agua usada y la conduce hasta los colectores generales. A partir de ahí entra en juego ABAQUA, que gestiona el llamado “saneamiento en alta”: estaciones de bombeo, grandes tuberías y, finalmente, las depuradoras —las conocidas EDAR—. Allí se limpia el agua antes de devolverla al medio o reutilizarla. Puede sonar rutinario, pero sin este engranaje, las playas, los torrentes y los ecosistemas marinos estarían en riesgo.

El proceso es una coreografía precisa. Primero llega el pretratamiento, donde rejas y desarenadores eliminan toallitas, plásticos y partículas grandes. Después, el tratamiento biológico: millones de microorganismos trabajan en tanques aireados para descomponer la materia orgánica. Es la parte viva de la depuración, donde la ciencia imita a la naturaleza. Más tarde, los fangos se separan del agua clara, y si el destino es la reutilización —por ejemplo, para regar zonas verdes o campos agrícolas—, el agua pasa por un tratamiento terciario que afina la calidad hasta cumplir con los estándares más exigentes.

Mientras tanto, los lodos resultantes siguen su propio camino: se espesan, se digieren y se deshidratan antes de su gestión final. Nada se improvisa: todo está medido, controlado y automatizado para garantizar que ni una gota vuelva al entorno sin el tratamiento adecuado.

La escala del sistema es enorme. ABAQUA gestiona 79 depuradoras en las cuatro islas, capaces de tratar más de 50 hectómetros cúbicos de agua residual al año. En verano, la demanda se dispara: el turismo multiplica la población y las plantas trabajan a pleno rendimiento. En invierno, se aprovecha para hacer mantenimiento y mejoras. Ese equilibrio constante entre previsión y respuesta es lo que mantiene el sistema en marcha sin interrupciones.

La calidad del agua depurada se controla a diario. Las EDAR analizan parámetros como la demanda biológica y química de oxígeno para asegurar que el agua que sale cumpla con la normativa europea. El balance es positivo: casi todas las plantas de Balears superan los estándares de calidad. Las pocas con incidencias —como la antigua depuradora de Ibiza— ya están siendo sustituidas o ampliadas. En su lugar, la nueva instalación de Vila, cofinanciada por el Estado, promete poner fin a años de vertidos problemáticos y marcar un nuevo punto de partida.

Pero no todo depende de las depuradoras. Parte del reto está en el agua que llega por el alcantarillado. En algunos municipios costeros, la intrusión marina y las redes envejecidas provocan que el agua residual llegue con demasiada sal, lo que complica la depuración y limita su reutilización. También hay vertidos industriales o salmueras de desaladoras privadas que alteran la calidad del agua de entrada. Por eso ABAQUA trabaja codo a codo con los ayuntamientos para renovar tuberías, separar pluviales y controlar vertidos: una depuradora moderna no sirve de nada si el agua llega contaminada desde el principio.

En paralelo, la agencia impulsa proyectos de ampliación y modernización en los municipios que más han crecido. Inca, Consell o Felanitx, por ejemplo, tienen planes de reforma para adaptarse a un volumen de aguas residuales mucho mayor que el de hace una década. El objetivo es claro: evitar sobrecargas, mejorar el rendimiento y anticiparse a las necesidades futuras.

Y aunque el trabajo de una depuradora parece puramente técnico, también puede ser una oportunidad ambiental. ABAQUA, en colaboración con WWF, desarrolla un plan de biodiversidad que ha convertido las lagunas de evaporación de 28 depuradoras en auténticos oasis naturales. Allí anidan especies de aves acuáticas como la fotja o el soterí, que han encontrado en estas láminas de agua dulce un refugio seguro en pleno interior de las islas. Una forma de demostrar que las infraestructuras también pueden sumar vida.

Mirando al futuro, ABAQUA apuesta por la digitalización y la eficiencia energética. Los sistemas de control remoto permiten vigilar caudales y procesos en tiempo real, y la incorporación de energías renovables reducirá el consumo eléctrico de las plantas. La reutilización del agua depurada, el aprovechamiento de los lodos y la mejora del litoral completan un modelo cada vez más circular.

El resultado es un ciclo que cierra el círculo del agua. Lo que antes se veía como un residuo hoy es un recurso. Cada litro que se depura correctamente significa menos contaminación, menos presión sobre los acuíferos y más futuro para un territorio que depende del equilibrio entre desarrollo y sostenibilidad.

Al final, detrás de cada desagüe hay una historia de ingeniería, ciencia y servicio público. Un sistema que no se ve, pero que hace posible que el agua vuelva limpia al mar, al suelo o a la vida. Y eso, en unas islas que viven del agua tanto como del paisaje, es quizá el mejor ejemplo de sostenibilidad cotidiana.


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